La Compasión No Es Lástima

Es fácil confundir la compasión con la lástima. La lástima mira el sufrimiento del otro desde una distancia segura, un poco por encima: “pobre de ti”. Se siente bien, pero mantiene la separación.
La compasión mira a los ojos. Dice “yo también”. No es sentir pena por alguien, sino sentir con alguien, porque reconoces que su dolor y el tuyo están hechos de lo mismo. La lástima separa; la compasión une.
No necesitas arreglar a nadie para ser compasiva. A veces la compasión es simplemente estar presente, sin juzgar, sin apurarte a dar consejos. Recuéstate, cierra los ojos, y deja que tu corazón se ablande hacia alguien que sufre.
La verdadera compasión no te deja por encima de nadie; te devuelve a la familia humana. Hoy, cuando veas a alguien en dificultad, prueba “yo también” en lugar de “pobre de él”.
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It's easy to confuse compassion with pity. Pity looks at another's suffering from a safe distance, a little above: “poor you.” It feels good, but it keeps the separation.
Compassion looks you in the eye. It says “me too.” It isn't feeling sorry for someone, but feeling with someone, because you recognize that their pain and yours are made of the same thing. Pity separates; compassion unites.
You don't need to fix anyone to be compassionate. Sometimes compassion is simply being present, without judging, without rushing to give advice. Lie down, close your eyes, and let your heart soften toward someone who is suffering.
True compassion doesn't leave you above anyone; it returns you to the human family. Today, when you see someone struggling, try “me too” instead of “poor them.”






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