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Día 4 — La Paz No Se Encuentra. Se Recuerda.

La paz no es algo que encuentras al final de un largo camino de esfuerzo. La paz es algo que recuerdas. Naciste sabiéndola completamente. Como bebé, no había separación entre tú y todo lo que te rodeaba. Eras simplemente presencia — sin miedo, sin la sensación de que algo faltaba.

Después aprendiste el miedo. Aprendiste que no eras suficiente. Aprendiste que el amor había que ganárselo. Y bajo el peso de todo eso, olvidaste lo que siempre fuiste. Pero el olvido no es permanente.

Imagina un ancla que lanzas al fondo del mar. Al principio, cualquier ola la arranca. Así que la lanzas de nuevo. Cada vez, el ancla se sostiene un poco más. Hasta que un día, ya no se mueve. Eso es lo que ocurre con la práctica constante. No estás llegando a ningún lugar nuevo. Estás recordando el único lugar donde siempre has estado. Ya estabas en casa. Solo lo habías olvidado por un momento.

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