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Día 29 — Desde 1996

1996. No había aplicaciones de meditación, ni tutoriales de YouTube, ni cursos en línea. Aprendí esta práctica de un maestro en una habitación sencilla, con nada más que una voz y la disposición de acostarme y observar mis pensamientos. He estado haciendo la misma práctica desde entonces.

Treinta años después, el mismo acostarme, los mismos ojos abiertos, el mismo observar, la misma paz. Todo lo demás en mi vida ha cambiado. Mi cuerpo ha envejecido. He vivido en diferentes países. He amado a diferentes personas, he perdido seres queridos. A través de todo eso, esta práctica tranquila ha sido la única constante.

Esa es la belleza de algo real. No necesita actualizarse, mejorarse o rebautizarse. Solo funciona, cada vez, sin importar lo que esté ocurriendo en tu vida o en el mundo. La prueba de algo real es simple: no se desvanece.

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