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Día 23 — La Historia de la Arena

Cuando tenía cuatro años, mis hermanos mayores pensaron que sería divertido enterrarme en la arena hasta el cuello. Cavaron un hoyo profundo, salté, y empacaron la arena firmemente a mi alrededor. Luego corrieron, asustados de meterse en problemas. No podía respirar. Un vecino me vio desde su ventana y corrió a desenterrarme.

Ese día, mi cerebro de cuatro años tomó una decisión: las personas que te aman se van. Cargé esa decisión durante cuarenta años. Cada relación, cada amistad, cada momento de cercanía, estaba esperando que el otro zapato cayera.

Cuando comencé a acostarme con los ojos abiertos y observar mis pensamientos como olas, finalmente vi esa ola. La observé surgir, la observé caer. Y me di cuenta de que la decisión la tomó una niña. Como adulta, tenía permitido elegir de nuevo. Así que lo hice. Observé la ola hasta que dejó de volver.

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