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Día 10 — El Vacío No Se Llena

Durante años pensé lo mismo: la persona correcta llenará este vacío. Así que perseguí el amor, lo encontré, y el vacío permaneció. Luego pensé: más dinero lo arreglará. Conseguí esas cosas, y el vacío no se movió. Luego: el maestro espiritual correcto, la práctica correcta. Los encontré todos, y el vacío seguía ahí.

Fue entonces cuando finalmente entendí algo crucial: el vacío no es un hueco que se llena con nada exterior. Es un olvido que se recuerda al sentarte sola, en silencio, sin nada que te distraiga de ti misma.

Así que comencé a acostarme con los ojos abiertos y a observar mis pensamientos. Sin llenar. Solo observando. Y lentamente, el vacío comenzó a transformarse. El vacío no es una ausencia. Es una presencia olvidada.

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